La Catedral de Ávila, conocida oficialmente como la Catedral del Salvador, es una joya arquitectónica que te espera en el corazón de la ciudad amurallada. Su singularidad radica en ser la primera catedral gótica de España y, lo que es aún más fascinante, en su integración directa en la muralla defensiva de la ciudad. Su ábside, el imponente Cimorro, forma parte de la fortificación, convirtiéndola en una verdadera catedral-fortaleza. Al acercarte, notarás cómo sus robustos muros de granito se funden con la piedra de la muralla, un testimonio de la importancia estratégica que tuvo Ávila a lo largo de los siglos. Esta dualidad arquitectónica te ofrece una perspectiva única sobre la historia medieval de la península ibérica, donde la fe y la defensa estaban intrínsecamente ligadas. Es un punto de partida esencial para cualquier itinerario de turismo en Ávila, invitándote a explorar la rica herencia de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Adéntrate en su interior y descubre un espacio que ha evolucionado a lo largo de los siglos, desde sus orígenes románicos hasta las influencias góticas y renacentistas. La construcción de la catedral comenzó en el siglo XII, posiblemente sobre los restos de una iglesia anterior o incluso una mezquita, tras la reconquista de Ávila por Alfonso VI. Figuras clave como el maestro Fruchel en el siglo XII, quien introdujo el gótico francés, y posteriormente Martín de Solórzano, Juan Guas y Hans de Colonia en los siglos XV y XVI, dejaron su huella en su diseño. No te pierdas el impresionante Retablo Mayor, una obra maestra del siglo XV con paneles pintados por Pedro Berruguete y Juan de Borgoña, que narra escenas de la vida de Cristo y la Virgen. Observa también el magnífico Sepulcro del Tostado, una escultura de alabastro realizada por Vasco de la Zarza, que representa al obispo Alonso de Madrigal en su estudio, un detalle que te transportará a la época de los grandes humanistas. El Trascoro, con sus relieves platerescos, y las capillas laterales, cada una con su propia historia y tesoros artísticos, merecen una detenida contemplación.
La visita a la Catedral de Ávila no es solo un recorrido por un edificio religioso, sino una inmersión en la historia viva de la ciudad. Te sorprenderá la luminosidad de sus vidrieras, que filtran la luz creando una atmósfera mística, y la grandiosidad de su nave central. Es un lugar donde cada rincón cuenta una historia, desde las gárgolas que adornan su exterior hasta los detalles escultóricos de sus portadas, como la Puerta de los Apóstoles o la Puerta del Juicio. Después de explorar sus maravillas, puedes dar un corto paseo por los alrededores y, si el apetito te llama, considera visitar el Restaurante El Almacén, situado muy cerca de la catedral. Es un lugar reconocido donde podrás saborear la gastronomía abulense en un ambiente encantador, el broche de oro perfecto para tu experiencia cultural.