El Palacio de la Bahía, cuyo nombre significa "palacio de la belleza" o "de la brillantez", te invita a un viaje a través de la opulencia y la intriga de la corte marroquí de finales del siglo XIX. Ubicado en el corazón de la Medina de Marrakech, este vasto complejo fue construido en fases por dos de los visires más poderosos de su tiempo. Inicialmente, fue encargado por Si Moussa, gran visir del sultán Hassan I, y posteriormente ampliado y embellecido por su hijo y sucesor, Ba Ahmed, quien sirvió bajo el sultán Moulay Abdelaziz. La construcción se extendió a lo largo de catorce años, desde 1894 hasta 1900, y su diseño laberíntico, con más de 150 habitaciones, patios y jardines, refleja la ambición y el poder de Ba Ahmed, quien gobernó Marruecos de facto durante ese período. Aquí residían sus cuatro esposas y veinticuatro concubinas, cada una con sus propios aposentos y patios privados, lo que añade una capa de fascinación histórica a tu visita. Tras la muerte de Ba Ahmed en 1900, el palacio fue saqueado y despojado de muchos de sus tesoros, pero aún hoy conserva gran parte de su esplendor original, ofreciendo una visión única de la arquitectura y el estilo de vida de la élite marroquí.
Al pasear por sus patios serenos y sus salones ricamente decorados, como el Gran Patio o el Patio del Harem, te maravillarás con la exquisita artesanía marroquí. Observa los intrincados mosaicos de zellige que cubren paredes y suelos, los techos de madera de cedro tallada y pintada con motivos geométricos y florales, y los delicados trabajos de estuco que adornan cada rincón. Cada detalle, desde las puertas macizas hasta las fuentes de mármol, habla de una época de gran riqueza artística. A diferencia de otros lugares turísticos de Marrakech como los bulliciosos zocos o los tranquilos Jardines Majorelle, el Palacio de la Bahía te sumerge en la intimidad y el lujo de una residencia real, permitiéndote apreciar la maestría de los artesanos marroquíes. Es un lugar perfecto para escapar del ajetreo de la ciudad y disfrutar de la tranquilidad de sus jardines andaluces, repletos de naranjos, jazmines y cipreses. No te pierdas el Gran Riad, un jardín central que es un oasis de calma y belleza.
La visita al Palacio de la Bahía es una oportunidad para conectar con la historia y la cultura de Marrakech de una manera muy personal. Te permite imaginar la vida de la corte y la intriga que pudo haber tenido lugar entre sus muros. Además, su ubicación en el barrio de la Mellah, el antiguo barrio judío, te sitúa cerca de otros puntos de interés como el Palacio El Badi y las Tumbas Saadianas. Después de tu recorrido, puedes explorar las calles circundantes de la Mellah, donde encontrarás pequeñas tiendas de artesanos locales que venden especias, joyas y textiles, así como panaderías tradicionales que ofrecen dulces marroquíes recién hechos, perfectos para una pausa auténtica.